Cuchillos modernos (para variar)

Los lectores habituales de mi otra página se acordarán de que, hace unos meses, un compañero de trabajo se puso a jugar con interesó por los trastos que yo llevaba a una recreación medieval.


No mucho más tarde, mi síndrome de Diógenes y yo le asaltamos sin el menor rubor para que nos trajera del pueblo desechos de herramientas de acero con los que poder hacer alguna cosilla en forja. Y, dicho y hecho...


Esta vez decidí dejarme de machadas, y usar la forja sólo para enderezar la pieza y bajar los filos. Mucho más fácil empezar con una pieza cortada ya con la forma general del cuchillo, la verdad. Así que un poco de radial y un poco de amoladora sobre una reja de arado de la foto de arriba, y la cosa ya parece... un infame hierraco oxidado, sí, lo sé.


Pero este hierraco oxidado fue objeto de las delicadas atenciones del martillo en la fragua que montamos en Portillo, más tarde recibió un primer desbastado en mi casa, y fue templado en agua (que es lo que tenía a mano) en Peracense; y por fin revenido durante media horita en el horno de casa, puesto a tope.
¡Y después de eso...! ¡Ah, después de eso! Pues sí, después de eso sigue pareciendo un hierro oxidado, para qué te voy a decir lo contrario.


Pero eso es sólo por la capa de escoria que le dejó la forja durante el templado, con un mínimo de lijado vuelve a quedar lisito y brillante (bueno... no, porque quería dejar un acabado brut de forge, sólo está bien lijada la zona del filo)

Si tenéis buen ojo, podéis ver que ahí ya estan cortadas las futuras cachas, hechas de una madera de olivo que me consiguió mi amigo Ferro i Foc. Lo cierto es que este cuchillo está hecho básicamente con materiales gorroneados, sí. De hecho, ahora que lo pienso, el carbón de las dos forjas donde lo trabajé tampoco era cosa mía, sino de los grupos que organizaban los eventos.

Lamentablemente, una de las cachas resultó tener un agujero más profundo de la cuenta y no me quedaba más olivo, así que tuve que repetirlas en madera de falso cerezo (justo, esa que también se llama "pelaburros", y que, por supuesto, también me consiguió Ferro i Foc). Aquí las tenéis, ya cortadas, junto con los separadores de cuero de becerro engrasado.


Como no soy precisamente el rey del rectificado, decidí emplear unos separadores de material un poco grueso, que absorbiera bien las irregularidades de la superficie. Estoy casi seguro de que en algún momento el maestro Germán Azote me dijo que eso tampoco era buena idea, pero tampoco consigo recordar por qué, así que ¡qué demonios!

El proceso para fijar las cachas ya lo explicaba aquí, así que tampoco me voy a extender demasiado. Lo primero, taladras el metal por donde irán los pasadores, poniendo el máximo cuidado en que el taladro sea bien perpendicular al eje del cuchillo (para eso, un taladro de columna es de enorme ayuda).


Usando esos agujeros como guía, taladras la madera de una de las cachas, y usas todo eso junto como guía para taladrar la otra; así los pasadores (en este caso de latón macizo de 4mm) entran bien, y las cachas quedan bien encajadas con la hoja.


Vaya, ahora que me fijo... qué caro me salió ese tornillo ¿no?

Y ahora, el paso que no debes olvidar jamás: lijar los hombros del mango hasta su acabado final, que una vez montado no podrás hacerlo sin marcar la hoja.


Y lo fijas todo con generosas cantidades de epoxi. La verdad es que no tengo yo dominado este paso, me quedan restos de epoxi en la superficie de los hombros que no soy capaz de eliminar. Esto tengo que depurarlo.


Jo, pues sí que eran caros los tornillos, sí. En fin, déjalo secar bien, y a darle forma al mango, con la combinación de lima, lijadora, papel de lija y pulimentos que más te guste.


Quería haberle puesto cera de carnauba, pero no encontré por mi zona. Entonces me acordé de que tenía por aquí un bote de cera renaissance, y le di un par de capas... En fin, sinceramente no se notan, apenas un pelín más de brillo después de mucho frotar; pero se supone que deberían proteger la madera bastante bien.

Pero, por supuesto, uno no ha terminado un cuchillo hasta que le ha hecho la vaina. Y, aunque este cuchillo casi parece más cebollero que de monte, habrá que hacerle una vaina digna.


Quería una vaina minimalista, con todo en una sola pieza (aparte de la costilla que protege la costura del filo, claro). Al principio experimenté con una tira para hacer un cierre, pero quedaba fatal y la quité.

Así que plastificamos el cuchillo bien plastificado para que no le afecte la humedad del cuero...


...y a dar forma a la vaquetilla negra bien empapada con la ayuda de unas piezas de madera y unas sargentas. El cuero ya teñido no pilla bien la forma, así que tienes que mojarlo bien y hacer estos despliegues; si fuera cuero sin teñir sería suficiente ir repasándolo con el dedo o con una plegadera estando sólo un poco húmedo.



Una vez tiene la forma correcta, seguramente tengas que repasarla un poco.


Pegas y coses la costilla, le das una buena lijada a todo el canto, un poco de cera negra, y lista la forma de la vaina. Un par de cortes son suficientes para formar una trabilla para el cinturón.


Y con un par de manitas de grasa de caballo ¡Ya tenemos vaina y cuchillo!




- Oiga, no es por fastidiar, pero ¿usted para qué quiere un cuchillo moderno de este estilo? Si usted lo que utiliza son artilugios del siglo XIII.

Pues también tiene usted razón, pero ¿sabe qué le digo? Que éste va a ser para el compañero que me trajo el acero, aunque sólo sea por las molestias (y para que me traiga más en futuras ocasiones)


Otra vez alforjas. Bueno, alforjas no, alforja. Sólo una.

De lo último que publiqué por aquí, era cómo fabricar unas alforjas desmontables para una custom.


Estos maletones están pensados para viajes con mucho equipaje, así que son un poquito... enormes, sí, justo, "enormes" es la palabra que buscaba.

Y no es que me queje de su casi ilimitada capacidad de carga, pero es que, cuando uno va en moto, la idea es ir en moto. Y con estos mostrencos en los costados, tengo el ancho de una furgoneta de reparto: la sola idea de colarse entre el tráfico con eso resulta ridícula.

Así que algo habrá que inventar para poder usar la moto cómodamente en el día a día, y sin tener que ir siempre cargando una mochila a la chepa.

Vamos a hacer otro par de alforjas desmontables, más pequeñas. Aunque... ¿Por qué hacer un par? Si es para llevar poca cosa ¿por qué no hacer sólo una? Total, así además me aseguro de que, de todas todas, esta vez sí que no toca nada con el tubo de escape. Que, por cierto, será la primera vez.

Pero ¿cómo fijar una única alforja? Si la engancho al mismo soporte que hice para los maletones, se irá desequilibrando. Y, además, ese soporte tampoco termina de gustarme: no deja de preocuparme que roce con el guardabarros y me marque la pintura.

Habrá que buscar algo más sólido, algo que, por ejemplo, se enganche directamente al soporte de las alforjas. Lo primero en lo que uno piensa es en un montón de correas de cuero, hebillas por todas partes, tal vez un par de bridas... uhmm... no, eso seguramente no funcione del todo bien. Me haría falta usar un cuero extrarígido, e incluso así se deformaría en un momento. Vamos a buscar alternativas. Alternativas sólidas. ¿Qué tal una plancha de aluminio (ligero ¡e inoxidable!) como base? Se podría construir una base de quita y pon, y luego fijar cualquier tipo de alforja sobre ella... ¡eh! ¡Esa idea mola!

En casi cualquier sitio podemos comprar una plancha de aluminio adecuada. Tiene que ser algo más grande que el soporte de las alforjas, y si tiene los típicos relieves en cuadrícula o de "palillos" será algo más resistente a curvarse accidentalmente.


Es más que recomendable desmontar el soporte para poder trabajar a gusto en una mesa, y que luego las cosas encajen con el mínimo de martillazos.

Lo primero, colocar los famosos ganchitos, a los que tanta propaganda hago, y todo sin que la tienda se digne hacerme la más ínfima rebajilla en mis ya numerosos pedidos.

Ojo: puede que los tornillos sobresalgan un poco más de la cuenta, lo bastante como para arañar demasiado el cuero. Para este tipo de problemas se inventó la sierra para metales: corta lo que sobra. Cuidado: cuando cortes un tornillo, asegúrate de ponerle antes una tuerca, para que la misma tuerca recoloque las rebabas del corte cuando la saques. Si lo cortas a pelo, y luego intentas ponerle una tuerca... jamás conseguirás que entre.


Hasta aquí era sencillo. Y ahora ¿cómo vamos a sujetar el extremo superior de la plancha? Le estuve dando muchas vueltas, y sopesando varias alternativas. Algunas incluían taladros y machos de roscar, otras complejas soldaduras y sofisticados remachados. Pasado un cierto punto de complejidad empecé a pensar en términos de 'manojo de bridas', pero tampoco era buena idea.

Y al final descubrí que lo que estaba pensando ya estaba inventado, y que se llamaba 'grillete'. Además, había otra pieza comercial llamada 'sujetacables' que serviría estupendamente para sujetar el grillete a la base metálica.


Se colocan de forma que los grilletes se sujeten sobre la parte superior de los soportes, y que las palomillas roscadas que los cierran sean accesibles desde la parte exterior de la alforja (ya bastante complicadas serán de poner y quitar como para que tengas que retorcerte para acceder a los tornillos)


Y con esto ya tenemos la base. Sólo nos queda redondear un poco las esquinas, pintarlo todo de negro para que no resalte demasiado sobre el cuero, e irse planteando qué tipo de alforja vas a montar sobre esto.


Eso que ves ahí son las piezas básicas para construir una alforja que no sé bien si llamar "de caballo" o "de fuelle". Digamos que es una especie de bolso de señora, pero a lo grande. En esta ocasión, fabricado de un cuero tirando a fino. Ejem... tirando a fino cuando hablamos de cuero para una alforja, claro: vacuno, de entre 1,5 y 2mm.

Eso sí, esta vez queremos que el cuero quede suave, flexible, y bastante resistente al agua. Y, para eso, nada mejor que un buen baño en aceite de pata de buey, que hace auténticas maravillas con el cuero.


La bolsa, en este tipo de alforja, es lo más sencillo del mundo: se cose todo carne contra carne, y arreando. Yo añadí un par de remachillos para darle un poco más de resistencia, pero tampoco es estrictamente necesario.


Esta bolsa se presenta a la base metálica, y se van haciendo taladros que, por ahora, sujetaremos con tornillos (más tarde ya colocaremos remaches). Aquí hay que tener dos cosas en cuenta:

- Coloca la bolsa de forma que quede, básicamente, colgando de la base metálica; es decir, el borde superior de la chapa más o menos junto al borde del cuero. No cometas el error de colocarla a la mitad, o el cuero se doblará más tarde.

- Calcula los taladros para que queden simétricos, y así luego te sirvan, además, para colocar las tiras que cerrarán la alforja.


La tapa irá sujeta a la misma plancha metálica, aprovechando esos mismos taladros. Para que quede bien, debe engancharse bastante abajo de la plancha, así que hay que hacerle unos taladros por los que pasarán los grilletes.


Para variar, rematamos el borde con tireta y punto español, sólo que esta vez, para variar, voy a usar tireta marrón. Y a engrasarlo todo.


Ya, ya sé lo que estás pensando: ese tipo de tapa ¿no va a dejar entrar un montón de lluvia por los lados? Pues la verdad es que sí, así que le colocaremos unas solapillas para cerrar un poco el hueco. ¡Ojo, que esta pieza no es sencilla! Por un lado, tiene que permitir abrir bien la tapa de la alforja. Y, por otro... eso de la alforja de fuelle significa que, cuando vaya medio vacía, la parte superior irá casi del todo cerrada; y, cuando vaya llena, el fuelle estará abierto del todo: las solapas deben proteger del agua en ambos casos.


Una vez cosidas las solapas, preparas las correas, y ya puedes ir remachándolo todo. Lógicamente, los remaches visibles tienen que ser de los bonitos, pero los que sujetan todo a la plancha de aluminio, lo suyo es que sean sólidos, así que ¡a saco con la remachadora!


Habrás visto que la parte de abajo de las correas de cierre, donde irán las hebillas, también van remachadas a la plancha de aluminio, y pasan por debajo de la bolsa. Ese es un detalle importante: estas alforjas están hechas de cuero flexible, así que es muy fácil la base se quede descolgada. Con las correas pasando por debajo, todo queda bien sujeto.

Y ya sólo queda... ¡Ponerla en su sitio!



Sólo un detallito más. Muchas motos custom tienden a vibrar un poco, y los tornillos de los grilletes no son precisamente algo que puedas apretar bien con la mano. Para evitar que se acaben soltando con la vibración, puede ser buena idea atarles unos alambritos que luego puedas sujetar a los soportes, para que así no puedan girar libremente.


¡Todo listo! Echamos dentro un mono de agua que ya no va a salir de ahí hasta que me pille el siguiente chubasco ¡Y a volar!







Esta entrada está dedicada a la memoria de Natalia, y a desear una rápida y completa recuperación a Pumuki.

¡SIEMPRE!